Nivel 1 · 1A Contraseñas · Lección 3 de 3
El segundo paso: apps, llaves y códigos
La verificación en dos pasos pide dos pruebas de que sos vos: algo que sabés (tu clave) y algo que tenés (tu celular o una llave) o algo que sos (tu huella). Aunque alguien robe tu clave, le falta la segunda prueba.
Tres formas de segundo paso, de menos a más segura
El código por mensaje de texto es mejor que nada, pero un atacante puede engañarte para que se lo des, o conseguir un duplicado de tu chip. Una aplicación autenticadora genera un código de seis dígitos que cambia cada treinta segundos y no depende de tu línea. Una llave de seguridad física o una passkey es lo más fuerte: no se puede entregar a una página falsa.
Por dónde empezar
Primero tu mail, porque con él se recuperan todas las demás cuentas. Después el banco, las billeteras virtuales y las redes sociales. Cuando lo actives, guardá los códigos de recuperación en un lugar seguro: son tu salvavidas si perdés el celular.
Para ir más a fondo
Cómo funcionan los códigos que cambian
Cuando escaneás el código QR, el servicio y tu aplicación comparten un secreto. Los dos calculan el código de seis dígitos a partir de ese secreto y de la hora, por eso coinciden y por eso funciona aunque el celular no tenga internet. Las passkeys usan criptografía de clave pública: la clave privada nunca sale de tu dispositivo y está atada al sitio verdadero, así que no sirve en una copia falsa.
Preguntas de repaso
¿Cuál de estos segundos pasos es el más fuerte?
Respuesta: Una llave de seguridad o una passkey. Una llave o passkey no se puede entregar a una página falsa. La pregunta secreta es lo más débil: la respuesta suele estar en tus redes.
Alguien que dice ser de tu banco te pide el código de seis dígitos que te acaba de llegar. ¿Qué hacés?
Respuesta: Cortás: ese código no se comparte con nadie. Ese código es justamente la prueba de que sos vos. Quien lo pide está tratando de entrar a tu cuenta.
¿Qué cuenta conviene proteger primero con el segundo paso?
Respuesta: Tu mail. Con tu mail se restablecen las claves de casi todas las demás cuentas. Es la llave maestra.